Champions League: Real Madrid - Galatasaray

Rodrygo es el edén

Rodrygo Real Madrid
Rodrygo celebra uno de sus goles al Galatasaray.
  • Látigo Serrano

En un Madrid tristón Rodrygo es la sonrisa. En un Madrid sin ritmo Rodrygo es la samba. En un Madrid sin pegada Rodrygo es el gol. En un Madrid sin Hazard Rodrygo es el edén. El brasileño irrumpió en la Champions con un doblete en seis minutos para pasaportar a un endeble Galatasaray que se arrastró por el Bernabéu. Los blancos vivieron su partido más plácido del último lustro y dejan encarrilada su clasificación para octavos.

Como decíamos ayer, Zidane ha encontrado un once. Y no le cabe Modric. Ni Isco. Ni Vinicius. James y Bale, qué quieren que les diga, son como los pactos de gobierno: ni están ni se les espera. Así que, después de 300 millones en fichajes y con casi 900 de presupuesto, el Real Madrid tiene como titulares a dos muchachos como Fede Valverde y Rodrygo, que hace un cuarto de hora estaba en el Castilla de Raúl.

Pues con el once que había jugado en tres de los últimos cuatro partidos arrancó el Real Madrid su duelo contra el Galatasaray dispuesto a dejar encarrilado su pase a cuartos en un grupo más amable que un dependiente de El Corte Inglés. Y lo hizo sin prisa, pausadamente, como quien espera que se enfríe una infusión mientras da vueltas a la cucharilla.

Pero el Real Madrid tenía a un futbolista por la izquierda (Marcelo) y no a un mediofondista (Mendy). El brasileño puso una pelota medida al área donde había visto emboscado y solito a Rodrygo. El chico controló, la bajó, se acomodó hacia su pierna izquierda e hizo el primero. Un golazo de delantero de área. Era el minuto 3 y los de Zidane encarrilaban el partido.

Tres minutos después cayó el 2-0. Fue de nuevo una jugada de izquierdas. Marcelo, que tiene pies de seda y no de adoquín como Mendy, puso un centro perfecto para que Rodrygo, que atacó el área pequeña, y se cascó un cabezazo perfecto para marcar un doblete fulgurante en seis minutos.

Este VAR no es africano

Pasaportado el partido por la vía rápida, el Real Madrid se dedicó a hacer lo mismo que un funcionario el fin de semana: disfrutar. Siguió atacando y encontrando espacios en la zaga del Galatasaray. Merodeaba el área Toni Kroos cuando un defensa turco le pisó el pie sobre la línea del área grande. No lo vio el árbitro pero en la Champions el VAR es europeo y no africano.

El árbitro fue avisado, vio el monitor, revisó la jugada, señaló penalti y se explicó la jugada por megafonía. Igualito que el VAR bananero, chapucero y sospechoso de la Liga. Sergio Ramos, que no estaba dispuesto a dejarle el penalti a Rodrygo, marcó el 3-0 a lo Panenka, que a él también le gusta chupar cámara.

El Real Madrid, con el partido en el bolsillo, se desmelenó como si quisiera desagraviar a su afición de tantos oprobios previos. Todos se animaban a jugar. Bueno, casi todos, porque Hazard se había puesto otra vez su capa de invisibilidad y no la olía. El Galatasaray intentaba sacudirse los golpes de los blancos pero no podían. Tuvieron suerte de que los de Zidane se tomaran un respiro a partir del minuto 25 para dejar de achicar agua.

Después de la cafeína del primer cuarto de hora el Madrid le echó valeriana al partido. Los de Zidane, como era comprensible, no necesitaban ritmo para manejar el partido a su antojo. Les bastaba la pausa. Pero para Zizou el partido no podía ser redondo. Marcelo se rompió. Sí, otra vez. El brasileño no levanta cabeza con las lesiones musculares y parece que camina hacia el ocaso de una carrera gloriosa, irrepetible, fantástica. Entró Mendy. Ay.

Rodrygo sí es una estrella

Justo con la lesión de Marcelo el Real Madrid hizo el cuarto con Rodrygo otra vez de protagonista para completar una primera mitad espléndida. El brasileño presionó, recuperó la pelota, levantó la cabeza y miró al área. Allí vio a Benzema y se la puso para que el francés sólo tuviera que empujarla. Era el 43 y con el 4-0 el Bernabéu se dispuso a tomarse el bocata sin quitarse la sonrisa de la boca.

Se reanudó el partido pero ya no había tal. Era ya un amistoso sin incertidumbre ni intensidad. El Real Madrid dominaba por inercia y porque el Galatasaray es uno de los equipos más flojos de esta Champions, si no el más flojo. Con decir que Zidane dejó que Casemiro descansara media hora. Entró Modric, en fase de acostumbrarse a su nuevo rol de suplente.

El ritmo del partido era ideal para que jugara Modric… y Zidane incluso. En el 67 entró Isco por un desdibujado Hazard. Tiene calidad, sí, pero resulta intrascendente. Algún tímido silbido llegó a escucharse en el Bernabéu. Precisamente Isco pudo marcar nada más salir… y de cabeza. Lo evitó Muslera con una buena y acrobática parada.

También Benzema tuvo la suya en el 67 pero Muslera le sacó una mano maravillosa para evitar el quinto, algo que no lograría en el 80 después de una buena conexión entre Modric y Carvajal que acabó empujando sobre la línea Karim para firmar su particular doblete.

Y Rodrygo, protagonista absoluto del partido, anotó el gol que abrochó el set del Real Madrid a un Galatasaray que deambuló como un ejército de zombis por el Bernabéu. Fue la noche de Rodrygo, el brote verde en un Madrid que encarriló su pase a los octavos de una Champions en la que los de Zidane tendrán que enfrentarse a rivales mucho más fuertes que los turcos en el camino a la Decimocuarta.

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